Diez preguntas para David Barreiro 24 abril, 2017 – Subido en: Sin categoría

David Barreiro nació en Gijón en 1977. A los dieciocho años, con tan sólo dos maletas a cuestas, cogió un autobús rumbo a Salamanca, donde cinco años más tarde se licenció en Ciencias de la Información. Con esas mismas maletas se trasladó a Madrid, donde estudió cine y literatura.

Tiempo después empezaría su prolífica carrera de escritor. Su primera obra en solitario fue un libro de cuentos, Relatos posindutriales (KRK, 2008, Premio Asturias Joven de Narrativa). Tras ésta publicó Mediocre (InÉditor, 2009), su primera novela, una reflexión humorística sobre el periodismo. Su siguiente obra, Barriga (InÉditor, 2010), fue una novela negra no nórdica, pero sí norteña.

Después vendría Perros de presa (Gadir, 2012, Premio Fundación Complutense de Narrativa), la crónica periodística Peláez. Historias de un periodista de provincias (360º Press, 2014) y El túnel (Pez de Plata, 2015), novela finalista del Herralde que habla sobre la crisis de nuestro país a ritmo de rock. Con El hijo (Tropo Editores, 2017) volvió a quedar finalista del prestigioso premio Herralde por segundo año consecutivo.

Como director y autor de obras de teatro ha cosechado también un gran éxito. En 2013 dirigió el cortometraje Patatas (Premio Nuevos Realizadores del Festival Internacional de Cine de Gijón), que fue estrenado en festivales de todo el mundo. Por sus obras teatrales obtuvo los siguientes galardones: el Premio Asturias Joven de Textos Teatrales por Percebes (Impronta, 2013); el Premio Agustín González por El Candidato (2014); el Premio de Teatro Exprés del Salón del Libro Teatral por La azotea (2014), y el Premio Nacional de Teatro Castelló a Escena 2015 por Afterwork, llevada a escena por la compañía Nueve Norte. En 2016 recibió el Premio Fatex de Textos Teatrales por la obra Nora.

Hemos querido preparar diez preguntas para que conozcáis mejor a David y su nuevo trabajo, El hijo.

1) Periodista, escritor, dramaturgo y guionista de cine. ¿Cómo lo haces?

Cada proyecto es muy diferente en apariencia, pero al final todos se parecen mucho. Quizás el periodismo es el que tiene mayor singularidad porque has de lidiar con la realidad, siempre tan obstinada. En el resto de los trabajos, se trata de contar historias y lo único que cambia es el proceso. Obviamente, no es igual la narrativa que la dramaturgia, pero el rasgo distintivo está en que mientras en una novela pones el punto final y eso nadie lo toca, en el caso de los guiones o las obras de teatro es siempre un punto y seguido porque el texto queda al servicio de un director, unos actores, una producción… y cobra vida… para bien o para mal.

2) En una entrevista que te hicieron a raíz de la publicación de El túnel, tu anterior libro, decías: «Mi proceso creativo surge más del caos que del cosmos». Cuéntanos un poco cómo funciona tu proceso creativo y cómo surge escribir El hijo.

Soy constante y organizado una vez que estoy en el proceso de escritura, pero no tengo ningún plan antes de escribir la primera palabra. Las ideas surgen pero no sé de dónde ni por qué. Luego me pongo a ello y no paro hasta el final. Generalmente no pienso una historia, sino un personaje. A partir de ahí, él se va haciendo su camino, en ocasiones en contra de mi voluntad.

3) El humor negro, la ironía, el sarcasmo, son, si no me equivoco, un denominador común en todas tus obras. ¿Cuál es su papel en El hijo?

Esencial. Quería escribir sobre el dolor desde el dolor, pero hay muchas formas de expresar el dolor y una inequívoca es querer ocultarlo, rechazarlo. Es lo que le sucede a la protagonista que utiliza el humor negro y la ironía como antibiótico contra el dolor. Es una fachada limpia y preciosa que trata de ocultar el desmoronamiento interior.

4) En otras novelas has usado el nombre de David para el protagonista. En este libro por primera vez, la protagonista es una mujer. ¿Hay algo de ti en Teresa?

No me conozco lo suficiente. No sé cómo soy. A veces me parece que soy agradable y simpático, afable y maravillosamente normal, y otras raro, esquivo, enfermizo, maniático, aburrido y que estoy acabado. Sé cómo es Teresa y cómo eran todos los personajes de mis novelas. Los quiero mucho con sus virtudes y sus defectos. A mí no puedo quererme tanto porque no me conozco y no puedo comparar a esta estupenda mujer con el desconocido que lleva mi nombre.

5) Teresa es una mujer bloqueada por un gran vacío existencial y emocional. ¿Qué querías trasmitir con este personaje? ¿Qué esconde Teresa?

Esconde dolor y miedo. Esconde dolor porque ha perdido a su único hijo, pero no se atreve a manifestar ese dolor. No ya a los demás, sino a sí misma. Por otro lado tiene miedo a su futuro profesional, está rendida emocionalmente y se siente perdida porque se da cuenta de que no llegó a conocer a su hijo a pesar de haber vivido siempre con él y de quererlo como sólo se quiere a un hijo. Ha estado tan perdida, ambos han estado tan lejos el uno del otro, que empieza a hablar con él y a tratar de comprenderlo (y de comprenderse a sí misma) cuando ya está muerto.

6) En algún momento has dicho: «Unos acuden a manifestaciones, otros firman manifiestos, alguno se conforma con meter un papelito en una urna cada cuatro años. En mi caso, me pongo delante del ordenador y expreso mi desencanto, mi rabia o mi frustración por lo que sucede en mi entorno» ¿Cómo se ve esto dentro de esta novela?

Lo primero, eso que dije es una chorrada. Como si escribir una novela fuera incompatible con ir a una manifestación. En fin. En la novela creo que hay rabia por la incomunicación, sobre todo, por nuestra incapacidad para relacionarnos y para decir lo que sentimos. También hay aspectos de índole social (la globalización, la crisis) pero forman parte del escenario en el que se mueve Teresa más que ser, como sucedía en otras de mis novelas, el tema principal.

7) El hijo es una novela que por su temática se presta mucho a debate. Tú, como padre, ¿crees que es posible reaccionar de la misma manera?

Creo que Teresa reacciona con humor negro y, como decías, sarcasmo, pero hay pocas páginas de la novela en la que no haya detrás un inmenso dolor y una tristeza inconsolable. Casi siempre trata de ocultarlo, incluso a sí misma, pero al final acaba supurando, sobre todo cuando está a solas con sus pensamientos.

8) ¿Cómo se relaciona El hijo con tus anteriores novelas? ¿Tienen algo que ver?

Creo que hay una continuidad en tono y estilo con mis otras novelas, a excepción de Barriga, que fue algo muy diferente. Sigo un determinado camino, eso me parece evidente, lo que no sé es si llegaré a alguna parte o vagabundearé hasta la eternidad.

9) ¿Cuáles dirías que son tus influencias literarias? ¿Qué libro te gustaría haber escrito?

Soy un pésimo lector, con muchísimas lagunas que trato de subsanar de golpe, como quien no se preocupa de su cuerpo hasta una semana antes del verano que se pone a dieta a la desesperada para que la barriga no se desborde del bañador en la playa. Obviamente, leo mucho y casi todo lo que leo es bueno porque no compro un libro por su bonita portada o una entrevista en el periódico, sino por recomendaciones de las que me fío. Así que casi todo lo que leo me gusta y casi todo me hubiera gustado escribirlo a mí. Ahora mismo diría Mortal y rosa, de Umbral, un libro que me causó una impresión brutal y leo cada cierto tiempo con devoción.

10) ¿Qué significa haber quedado dos veces finalista del Herralde?

Ser un calabacín. Cuando hago la lista de la compra siempre pongo calabacín. Me gusta tanto la palabra y parece tan sano comer calabacín, que lo incluyo siempre en la lista, pero cuando llego a la tienda pienso: ¿y qué coño hago con el calabacín? Así que nunca me lo llevo. Se queda allí el pobre. Algo así me parece que es estar en la lista de novelas seleccionadas entre las finalistas del Herralde, sabía que no me lo iba a llevar, pero es agradable ser un calabacín de la literatura.

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El hijo es una tragicomedia contemporánea sobre la pérdida, el vacío existencial y el valor relativo del fracaso.