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Roland Topor

( 7 de enero de 1938 en París-16 de abril de 1997). Fue un ilustrador, dibujante, pintor, escritor  y cineasta francés conocido por el carácter surrealista y voluntario de sus obras. Sus obras se caracterizan por un marcado humor negro y una idiosincrasia surrealista. Su novela El quimérico inquilino fue llevada al cine por Roman Polanski.
Estudió en la Escuela de las Bellas Artes de París, colaboró en el periódico Hara-Kiri y compartió su sentido del humor negro, decapante y cínico, pero también una vena más rosa, en la revista Elle. Fue uno de los creadores en 1962 del Grupo Pánico con Fernando Arrabal, Olivier O. Olivier, Alejandro Jodorowsky y Jacques Sternberg.
En colaboración con René Laloux, fue atraído por el cine de animación. Después de varios cortometrajes, el largometraje El Planeta salvaje obtuvo en 1973, el premio especial del jurado del Festival de Cannes. Apareció en algunos papeles secundarios del cine. Su faceta de comediante alcanza la excelencia en la película de Werner Herzog, Nosferatu: Phantom der Nacht al lado de Isabelle Adjani y Klaus Kinski.

Fue un autor de teatro, original y poderoso. Vinci tenía razón fue una obra que creó un escándalo inmenso en Bélgica en el momento de su creación. Trabajó muchas veces con su amigo Jerónimo Savary en Las Aventuras de Zartan o De Moisés a Maoy creó en 1992, a la vez, la puesta en escena, los decorados y los trajes de Ubú rey en el teatro nacional de Chaillot, en París.
Falleció en un hospital, después sufir un accidente cardiovascular en su domicilio parisino.

 

Tropo Editores ha publicado su obra La cocina caníbal (2008) dentro de su colección Ilustrada.

 

Topor comenzaba sus obras por el final. Así inició su Cocina caníbal. Era un escéptico salvaje que soñaba con un humor que a nadie hiciera reír. Pensaba, con Flaubert, «en este mundo traidor lo único serio es la risa».

Topor era tan generoso que para él el dinero era sólo calderilla. Se drogaba con su propia generosidad. Qué trancas cogía. Lo que hubiera podido obligarse a hacer por amistad, lo hacía por humor. Sólo cometió una falta a su arte de saber vivir; el día de su muerte. Imperdonable.

Fernando Arrabal. 

Prólogo

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